Cómo medir la fuerza de forma efectiva

Cómo medir la fuerza de forma efectiva

24 Noviembre 2022

Los profesionales del ejercicio, hoy en día, ya tenemos claro (o deberíamos tener claro) que hay que medir la fuerza para tener información sobre cómo está la condición física de la persona, qué déficits específicos tiene, dónde los tiene y la evolución de su progreso.
 

FUERZA Y PREDICTOR DE MORTALIDAD

Sabemos que la fuerza de agarre predice la mortalidad en personas de mediana edad y ancianos (Sasaki et al., 2007). Para ello, existen distintos tests realizados con dinamometría para poder evaluarla y sacar (algunas) conclusiones.
 
Pero…
 
¿Saber solo la fuerza de agarre es suficiente?
 
Por supuesto que no. Ni es suficiente ni deberías conformarte como profesional con solo medir la fuerza de agarre de tu paciente/cliente.

En ese sentido, es importante evaluar la fuerza de las piernas, ya que se sabe que es un predictor de mortalidad por todas las causas en personas aparentemente sanas, según algunos estudios importantes (García-Hermoso et al., 2018). Es decir:

Si una persona tiene suficiente fuerza en sus piernas, nos puede dar indicios de una buena salud muscular. Por eso, como principal requisito debemos saber qué principios seguir para hacer los tests con efectividad y seguridad.

Porque…

¡NO TODO SIRVE!

La mayor dificultad se da al intentar pasar del dicho al hecho. Pasar de “hay que medir la fuerza” a “saber cómo medir la fuerza en la práctica” y, luego, llegar a “medirla de la forma más precisa posible”.

 

PRINCIPIOS BÁSICOS PARA MEDIR LA FUERZA

No te aconsejamos medir la fuerza de tu cliente a través de un gesto específico de forma dinámica como puede ser: con un golpeo de balón con la pierna, un “jab”(boxeo) a un saco, un lanzamiento de pelota medicinal, una cargada, ejercicios integrados unilaterales sin estabilidad o cualquier movimiento técnicamente complejo.

No es efectivo en cuanto a la información que te va a proporcionar. No te da los datos necesarios y puedes llegar a conclusiones erróneas.

Si mides la fuerza a través de la realización de un gesto, tienes que tener en cuenta que no solo estarás valorando la fuerza, sino la componente técnica que tiene esa persona cuando ejecuta esa habilidad. La técnica siempre va a estar implícita, pero ten presente que a mayor técnica requiera la habilidad/ejercicio que utilizas para evaluar, menos efectivo será ese test para proporcionarte la información que quieres.
 
Vamos a ser más gráficos.

Pongamos el caso que quieres evaluar la fuerza de un boxeador y un futbolista. Probablemente, el boxeador tenga mucha más fuerza que el futbolista, pero este último seguramente chutará mucho más fuerte el balón que el boxeador.
 
El error lo puedes llegar a cometer cuando te basas en un gesto específico que uno de los dos domina más que el otro para evaluar su fuerza. Porque si por el contrario, y siguiendo el ejemplo anterior, haces el test para ver quién tiene más fuerza golpeando un saco de boxeo, ahora como resultado obtendrás que el más fuerte es el boxeador.
 
Entonces, ¿es el boxeador quien tiene más fuerza? ¿o es el futbolista?
 

Realmente, te debe dar igual quien tiene más fuerza en un gesto si no practican el mismo deporte y tienen las mismas proporciones, porque no podrás sacar muchas más conclusiones que el hecho de ver quién tiene más fuerza en esa habilidad específica con condiciones completamente distintas.


No tiene mucho sentido comparar la fuerza de distintas personas (o deportistas de distintas especialidades), porque incluso realizándolo de una forma perfecta, habrá condicionantes mecánicos de cada persona (como la longitud de sus palancas, por ejemplo) que no permitirá hacer comparaciones justas entre distintas personas; más allá de tener una idea general y ver tendencias en mismos deportes, personas con mismas (o parecidas) proporciones corporales, etc.
 
En nuestra opinión, el gran beneficio lo obtendrás cuando evalúes la fuerza que cada persona, o cada atleta (si nos referimos al alto rendimiento), tiene de forma específica en los grupos musculares más importantes.
 
¿Y por qué te aconsejamos de forma específica a nivel muscular?
 
Porque te dará información de:
 
-Si hay déficit de fuerza general o no (si lo comparas con otras personas de la misma altura, edad y proporciones corporales parecidas).

-Si hay descompensación con el lado contrario del cuerpo. Por ejemplo, comparando un cuádriceps con el otro, los isquiosurales de una pierna con la otra, etc.
 

En función de las características del deporte, del índice lesional de ese deporte que practica, de la edad o de los problemas/patologías que pueda tener, te interesará realizar los tests en unos grupos musculares o en otros.

 
Después de esta explicación, puede que te preguntes (porque nuestros alumnos ya nos lo preguntan):

“¿Que más me da la fuerza  que tiene, por ejemplo, un futbolista en una prensa de piernas si yo lo que quiero es saber cómo de fuerte chuta el balón? Yo lo que quiero es saber su fuerza funcional”
 
La respuesta es la siguiente:
 
Evaluando la fuerza que tiene ese futbolista en los músculos de las piernas, de forma bilateral y unilateral, podrás ver las descompensaciones que tiene y la fuerza base fuera de su gesto técnico.

Una vez mejore esas descompensaciones (con trabajo muscular específico) y gane más fuerza en sus piernas te asegurarás dos cosas:
 
-Poder transferir esa “fuerza base” al gesto que él requiera. Porque recuerda la fuerza es general y puede transferir a cualquier gesto.

-Reducir el potencial riesgo lesivo preparando al tejido para que tolere mejor las fuerzas que reciba en competición.
 
En un golpeo de balón, un movimiento específico (llamémosle funcional, si quieres), no podrás ver si son los cuádriceps, los isquiosurales o los rotadores de columna los que no tienen fuerza. Puedes hacerte una idea, intuir o adivinar qué está fallando, pero no tendrás datos fiables y verídicos sobre lo que está pasando. Además, puedes ver que una persona golpea cada vez más fuerte el balón, pero no sabrás de donde saca esa fuerza y si los músculos fuertes son cada vez más fuertes a la vez que los débiles se debilitan en cada entrenamiento, con todos los problemas que eso conllevaría a medio y largo plazo.
 
Lo mismo sucede con las personas de a pie. Cualquier persona puede tener descompensaciones creadas por su estilo de vida, su vida laboral o el deporte que ha practicado durante mucho tiempo.
 
También puede tener déficits de fuerza pronunciados y graves asociados al sedentarismo.
 
Por ese motivo, necesitas tener unos conocimientos básicos sobré que principios seguir para medir la fuerza y, luego, conocer las herramientas adecuadas. A partir de esa evaluación bien ejecutada, podrás saber hacia donde enfocar el entrenamiento: grupos musculares más débiles, zonas del cuerpo descompensadas, etc.
 
Así que ahora ya has dado el primer paso: conocer los criterios básicos para medir la fuerza y el porqué. En el próximo post del blog, trataremos qué herramientas puedes utilizar, qué ejercicios proponemos y cómo ejecutar esos tests de fuerza para seguir buscando la excelencia como profesional.
 
 
 
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Sasaki, H., Kasagi, F., Yamada, M., & Fujita, S. (2007). Grip strength predicts cause-specific mortality in middle-aged and elderly persons. The American journal of medicine, 120(4), 337–342. https://doi.org/10.1016/j.amjmed.2006.04.018
 
García-Hermoso, A., Cavero-Redondo, I., Ramírez-Vélez, R., Ruiz, J. R., Ortega, F. B., Lee, D. C., & Martínez-Vizcaíno, V. (2018). Muscular Strength as a Predictor of All-Cause Mortality in an Apparently Healthy Population: A Systematic Review and Meta-Analysis of Data From Approximately 2 Million Men and Women. Archives of physical medicine and rehabilitation, 99(10), 2100–2113.e5. https://doi.org/10.1016/j.apmr.2018.01.008